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Autora: JIMENA MANCHOLA. Noviembre, 2020

Me imagino haciendo lo que me gusta y levantándome cada mañana con una energía excepcional porque mi trabajo es lo que siempre soñé.

Solo pensarlo me recarga de energía, me invita a soñar, me llena el corazón y me saca una sonrisa de inmediato. ¿En qué momento nos perdimos? ¿Por qué creemos que lo que nos toco es lo que es y no existe otra opción? ¿Por qué pensamos que nuestro propósito en la vida debe ser lo que nos dijeron que debía ser, lo que nos recomendaron o lo que nos obligaron a ser? ¿Por qué terminamos sintiendo que vivimos una vida que no nos corresponde?

Sin lugar a duda, pensar en eso nos invita a vivir el aquí y el ahora, nos moviliza a encontrarle sentido a lo que siempre quisimos, a disfrutar sin importar la edad lo que realmente nos hace felices y a reencontrarnos con nuestro niño interior.

Mi experiencia laboral después de 15 años continuos de trabajo en una empresa maravillosa, un día cambió por un accidente familiar, momento en el cual tuve que decidir y redefinir mi propósito de vida; la verdad pensé que sería imposible, creí que ya era tarde para eso y que debía aceptar el tiempo y la realidad.  Pero no me sentía completa y empecé a buscar lo que me impulsaba a vivir, lo que me apasionaba hacer y lo que me permitía aportar.

Descubrí que nunca es tarde para encontrarle sentido a lo que hacemos y que se vale encontrar una vida que valga la pena.  Bienvenidos a aceptar un borrón y cuenta nueva, bienvenidos a encontrar tu Ikigai, tu sentido de vida o una vida con propósito.

Es curioso como hoy acompaño adolescentes y adultos a descubrir sus talentos; pienso que nunca es tarde para que jóvenes y adultos encontremos nuestra conexión.  Y si quieres encontrar tu propósito, te invito a que recuerdes cuando eras niño, a que recuerdes tus sueños y pienses que no existían los límites, no existían las creencias y todo era posible.

Estoy convencida en que crecer nos trae un proceso de adiestramiento personal, nos llena de objetivos, visiones, presiones, inmediatez, apariencias, moda y competencias que nos van alejando de nuestra autenticidad.

Hoy me doy cuenta de que en la vida puedes encontrar muchos procesos de búsqueda, pero lo realmente importante es que esos momentos estén llenos de tu niño interior, llenos de curiosidad, de apertura, de aceptación y de perdón. 

Si eres papá o mamá, los invito a que escuchen en sus hijos lo que les gusta, lo que les molesta, lo que les frustra, lo que sueñan; no busquen sus sueños en los de sus hijos, ¡permítanles sentir la oportunidad de avanzar por sí mismos, incluso si ese camino trae algunas equivocaciones!  Pues finalmente es de esas vivencias, que aprendemos a encontrarle sentido a lo que hacemos.

A los adultos de hoy les propongo que recuperen sus sueños, que se peguen una miradita al pasado que los formó, que los retó y que los ilusionó, permítanse recordar los sueños que tenían, recuperar la esencia y hasta la imprudencia; recuperar el alma.

¡Bienvenidas las crisis, bienvenidos los cambios y bienvenidos los nuevos propósitos!

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